La estimulación magnética transcraneal actúa sobre circuitos cerebrales específicos sin cirugía ni anestesia. Su utilidad depende del diagnóstico, los tratamientos previos, el dispositivo, el protocolo y una evaluación clínica cuidadosa.
Qué es la TMS
La estimulación magnética transcraneal —TMS, o rTMS cuando los pulsos se aplican de manera repetida— utiliza una bobina apoyada sobre el cuero cabelludo para producir campos magnéticos breves. Estos campos inducen pequeñas corrientes eléctricas en regiones seleccionadas de la corteza y pueden modificar la actividad de redes relacionadas con el ánimo, la cognición, el control de impulsos, el dolor u otras funciones.
Es una intervención no invasiva: no requiere cirugía ni implantar electrodos. En los protocolos habituales la persona permanece despierta, no necesita anestesia y puede retirarse después de la sesión. Esto no significa que sea una técnica simple o intercambiable entre diagnósticos. El lugar de estimulación, la intensidad, la frecuencia, el patrón y el número de pulsos son parte del tratamiento.
Cuándo se considera con mayor frecuencia
La indicación con mayor trayectoria es la depresión mayor que no ha mejorado suficientemente con tratamientos habituales. También existen dispositivos y protocolos autorizados en determinados países para otras indicaciones, como el trastorno obsesivo-compulsivo. En depresión bipolar, estrés postraumático, dolor, adicciones o rehabilitación neurológica, el respaldo y el estatus regulatorio varían.
Una precisión importante: la FDA y otros reguladores autorizan dispositivos, protocolos e indicaciones concretos; no autorizan “TMS” en general. La existencia de estudios positivos tampoco basta para indicar una intervención a una persona particular.
Qué se revisa antes
- Diagnóstico actual y diagnósticos diferenciales.
- Gravedad, duración, curso y patrón de los síntomas.
- Psicoterapias, medicamentos y otros tratamientos, con respuesta y tolerancia.
- Antecedentes de epilepsia, lesiones neurológicas o episodios de manía.
- Metales, implantes o dispositivos médicos cercanos a la cabeza.
- Medicamentos o condiciones que pueden modificar el riesgo de convulsión.
- Objetivos concretos y forma de medir cambios.
TMS suele integrarse a un plan. No implica suspender automáticamente psicoterapia o medicamentos.
Cómo se desarrolla un tratamiento
En la preparación se realizan mediciones para localizar el objetivo y estimar el umbral motor, que ayuda a individualizar la intensidad. Durante la sesión se escuchan pulsos repetidos y puede sentirse golpeteo u hormigueo en el cuero cabelludo. El esquema depende del protocolo y a menudo requiere sesiones repetidas durante varias semanas.
El seguimiento no se limita a “sentirse mejor o peor”. Conviene registrar síntomas, funcionamiento, sueño, seguridad y tolerancia con medidas comparables. Si la respuesta no aparece, el equipo debe revisar diagnóstico, adherencia, dosis de estimulación y alternativas, no prolongar por inercia.
Seguridad y expectativas realistas
Los efectos adversos más frecuentes son molestia local o cefalea transitoria. Puede haber contracciones faciales durante los pulsos. La convulsión es un riesgo infrecuente, pero relevante, por lo que se evalúan factores de seguridad y se utilizan parámetros establecidos. El tratamiento no garantiza respuesta y, aun cuando funciona, puede requerir una estrategia de continuidad o mantenimiento.
Conocer la Unidad de Neuromodulación

