Una conversación psicoeducativa con el Dr. Ulises Ríos y Fundación Círculo Polar para reconocer que la manía no es simplemente “estar muy animado” y comprender por qué su evaluación requiere mirar el curso completo.
Publicación original: mayo de 2022 · Última revisión editorial: agosto de 2026.
En el ciclo de psicoeducación 2022 de Fundación Círculo Polar, el Dr. Ulises Ríos participó en la sesión “Repensando la manía”. La actividad invita a revisar un concepto que suele trivializarse o confundirse con productividad, entusiasmo o cambios normales del ánimo.
Qué es un episodio de manía
La manía es un cambio marcado y sostenido en ánimo y energía. Puede expresarse como euforia, pero también como irritabilidad intensa. Suele acompañarse de menor necesidad de sueño, aumento de actividad, habla acelerada, pensamientos que corren, mayor confianza, distractibilidad y decisiones impulsivas.
Cuando el juicio se compromete pueden aparecer gastos riesgosos, conducción imprudente, conflictos, conductas sexuales desinhibidas o proyectos poco realistas. En episodios graves puede haber síntomas psicóticos o necesidad de hospitalización.
Manía, hipomanía y estados mixtos
La hipomanía comparte parte de estos cambios, pero es de menor intensidad y no produce el mismo deterioro grave. Aun así puede ser clínicamente importante, especialmente cuando alterna con depresiones. Los estados mixtos —síntomas depresivos y de activación al mismo tiempo— pueden vivirse con gran angustia e irritabilidad y requieren evaluación cuidadosa.
Mirar el curso, no una fotografía
El diagnóstico de bipolaridad no se realiza por una característica aislada. Importan duración, cambio respecto del funcionamiento habitual, consecuencias, antecedentes familiares, sustancias, medicamentos que pueden inducir activación y relación temporal entre episodios. A veces la persona no reconoce el cambio como problema y la información de alguien cercano, con su autorización, ayuda a reconstruirlo.
El tratamiento es longitudinal. Puede combinar estabilización farmacológica, psicoterapia, psicoeducación, protección del sueño, reconocimiento de señales tempranas y un plan acordado para recaídas. La familia o red puede colaborar sin reemplazar la autonomía del paciente.
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